¿Para qué sirve este?
El comité investigador pudo
determinar que “La causa inmediata del
accidente fue que el avión se desestabilizó y entró en barrena debido a que un
menor, quien de manera inexplicable se encontraba en la cabina de vuelo, manipuló
en forma indebida ciertos controles”.
Finalmente, se logró concluir que
la tragedia se debió a la concatenación de cinco errores humanos, todos ellos
atribuibles al piloto, los cuales fueron enumerados y detallados así:
1. Haber bebido de más el día
aquel, diez años atrás, cuando el piloto joven embarazó a la madre del niño.
2. No haber huido y reconocer al
niño, aunque después, por su trabajo, casi no lo veía.
3. No haber educado al menor y
dejarlo crecer como mata silvestre.
4. Llevarlo a bordo del avión sin
autorización, evadiendo una norma básica de la aerolínea que reza: "todo
niño paga".
5. Dejarlo tocar los controles
del avión, de manera indiscriminada y caprichosa, por evitar una temida
pataleta.
Por supuesto, la víctima que sobraba,
pues no aparecía en ningún registro previo al accidente, era el niño. Según declaró
la madre, ese niño era el hijo único del piloto y este soñaba con que su crío
siguiera su misma carrera profesional. Sin embargo, la conversación con el
copiloto, registrada en las grabaciones de la cabina, daban a entender que la
mamá ya no podía más con ese chiquillo insoportable, así que se lo endosó a su
papá, quien no tenía con quién dejarlo y solo pudo optar por llevárselo para su
sitio de trabajo e introducirlo de manera subrepticia en la cabina de vuelo.
Al piloto entonces, se le efectuó
un juicio póstumo, en el cual fue hallado culpable y se le condenó a la pena
máxima bajo los cargos de estafa por no pagar un servicio prestado, irresponsabilidad
manifiesta, abuso de confianza, daños en cosas ajenas y homicidio múltiple
culposo. El fiscal le aceptó al juez que el reo había cumplido su condena de forma
anticipada.
Lo histórico de este caso, es que
la Autoridad Nacional de Aviación Civil adoptó drásticas medidas para evitar nuevos
sucesos de este tipo y de cualquier otro tipo. Tales medidas fueron:
1. Un tripulante únicamente podrá
consumir licor en la modalidad de combón, la cual consiste en que, con solo
mostrar el carnet respectivo, recibirá sin costo un
paquete de condones, anexo a toda botella que ordene.
2. Se les ordenó a todas las
aerolíneas que deben instalar en las cabinas de vuelo de todos sus aviones,
unos sensores de sonido que bloquean los comandos del avión si llegan a
registrar frases como “¿Para qué sirve este botón?”, “¿Qué pasa si espicho
aquí?”, “Pídase la otra”, “No haga ruido que nos están grabando”, “Venga se
está acá” “Siéntese en mis piernas”, “Agáchese más”, “Despacito”, “Suave que me
estas matando”, “Devórame otra vez” y
otras quince que no podemos reproducir, por motivos de censura.
3. Se castigará con 15 SMMLV a
cualquier funcionario que sea cómplice del ingreso de personas no autorizadas a
la cabina de un avión. Para los tripulantes, la sanción será del doble de este
valor, si sobreviven.
Ante el hecho de que tales
medidas no han funcionado, pues actualmente el 80 % de los accidentes aéreos se
producen por causas atribuibles a los seres humanos, se inició de inmediato un
programa cuyo objetivo es poner en servicio unas nuevas cabinas sin
tripulación, con las cuales se logre eliminar la posibilidad del error humano
en los vuelos comerciales.
Como existen los niños que lloran
sin control durante el vuelo y los pasajeros problemáticos que dan alaridos
ante una turbulencia, los que se levantan a sacar y guardar cosas en el
maletero superior incesantemente o, peor aún, van al baño hasta tapar los
ductos, llaman sin piedad a la azafata o tantos otros actos inimaginables, el
paso siguiente consistirá en remplazar los pasajeros humanos por sus
respectivos hologramas, para tener así vuelos perfectos y ciento por ciento
seguros y, qué belleza, mucho más baratos (como vimos en lo más bajo del bajo costo).