Ante los ríos de tinta y océanos de bytes que hablan de la
xenofobia, queremos aportar unas líneas a la senofilia, sin duda más
refrescante, motivante y deliciosa.
Nosotros creemos
que en realidad alarga otras cosas, pero no los años de vida, porque para hacer
tal afirmación deberíamos conocer de antemano cuanto iba a vivir el mirón antes
de adoptar la práctica mencionada, lo que necesariamente nos llevaría a Las
Moiras griegas. Y asumiendo que no eran unas viejas horrendas con cara de
amargadas como a veces se las pinta, sino más bien unas tristes doncellas,
jóvenes y parcas (como las llamaron los romanos), entonces uno debería mirarle
los senos a Láquesis, la que define la longitud del hilo del destino, para
lograr de esta forma que a uno se le alargue el lazo y así conseguir un poco
más de cuerda para permanecer en este mundo.
Pero, aceptando a
regañadientes el mencionado estudio, las preguntas obvias que surgen luego de
revisar su contenido y, sobre la base de la afirmación de que este acto (mirar
senos) alarga la vida ¡en 5 años!, son:
¿Cuantos senos
tengo que mirar para ganar un día de vida?
¿Si los toco o
los beso disminuyo la cantidad de senos que tengo que mirar?
¿Si miro senos
paranasales vale? (Preguntó un otorrino)
¿Los masajistas,
los entrenadores de aeróbicos, los mastólogos
y los cirujanos plásticos son seres más longevos?
¿Tiene algo que
ver el tamaño de los senos con el estiramiento? (de la vida)
¿Los antiguos
habitantes de la ribera maya debieron ser un pueblo eterno gracias a que se lo
pasaban disfrutando de sus xenotes?
¿Tienen que verse
en vivo y en directo o puede ser en foto y video?
¿Pueden ser los
de otras mujeres o tienen que ser los de la de uno? (Creemos que esto acorta la
vida).
La reseña que
comenta el mencionado estudio especifica que se deben mirar fijamente los senos
de una mujer durante diez minutos, acto que provoca aumento del pulso cardíaco,
vasodilatación, sudoración, excitación, elongación de ciertas partes del cuerpo
y contracción de otras, malformación temporal del pescuezo del observador,
pensamientos libidinosos y liberación de dopamina, serotonina y endorfinas, los
neurotransmisores íntimamente ligados con la estimulación corporal (lo que se conoce coloquialmente como arrechera)
¿Pero cómo llegan
los estudiosos del tema a concluir que mirar senos alarga la vida? Según la
gerontóloga Karen
Weatherby, líder del proyecto, hacerlo es equivalente
a realizar 30 minutos de aeróbicos
y como todos sabemos, hacer
ejercicio nos mantiene saludables y prolonga nuestro existir. Claro, es obvio que los senos que vieron los participantes de
este estudio no fueron los de la doctora Weatherby, porque los efectos de observar los
de esta científica de 75 años probablemente hubieran sido depresión, angustia,
dolor profundo y ganas de morir. Es por esto que, aunque en el estudio no
aparece (porque el estudio no aparece), se entiende que los senos que hay que
mirar deben ser de mujeres entre los 20 y 40 años como mucho, salvo muy contadas
excepciones. También es importante considerar la talla de los mismos, ya que
hay muchas jovencitas que, por aquellos caprichos de la genética, heredaron de
su papá el tamaño de sus senos. No hay claridad sobre si los senos a mirar son
naturales o artificiales, pero apoyados en la medicina basada en la evidencia
podemos aventurar que no importa. Lo que sí importa es el tamaño. Sobre este
aspecto no hay discusión.
¿Qué pasa con
aquellos adictos a otras curvas y altorrelieves femeninos distintos a los
senos? El estudio no consideró esta alternativa, por lo cual no hay datos
estadísticos suficientes para afirmar que mirar otras partes del cuerpo alargue
algo, aunque es fácil suponer que así será.
Volviendo a las gelatinosas
protuberancias que nos ocupan (si son de tamaño decente), hay quienes afirman
que esta tendencia fisgona tiene relación con alguna fijación adquirida en la
etapa oral del desarrollo del ser, pues como sabemos, la degustación senosoidal
del bebé tiene efectos marcados en su desarrollo físico y mental, que nunca
desaparecen, hasta el punto que se convierte a la postre en degustación senil.
Tal vez por causa de esta fijación es imperioso que, como afirma el estudio, se
miren los senos fijamente.
De cualquier
modo, e independientemente del permiso para mirar que se apoya ahora en un
supuesto soporte científico, que realmente nunca hemos necesitado, lo que si
resulta evidente es que, con la avalancha de prótesis y la reducción del tamaño
de las prendas, es muy difícil, por no decir imposible, sostener la mirada a
una fémina que lo embiste a uno sin compasión con sus protuberantes atributos
casi al desnudo y siempre de frente. Y ¿cómo negarse a la observación, la
contemplación y en ocasiones al enajenamiento y la ensoñación, si son ellos
precisamente, esos atributos, los que marcan, señalan y resaltan la diferencia
entre hombres y mujeres mejor que ninguno otro y además constituyen la puerta
de entrada al paraíso terrenal?
Era razonable
pensar que algunos personajes conocidos que han vivido buena parte de su vida
entre senos, como Bob Guccione o Hugh Hefner, vivieran eternamente o cuando
menos, mucho más que el resto de los mortales (el primero ya murió y el segundo
parece momificado), pero consideramos que el estudio no tuvo en cuenta que
hacer aeróbicos durante 30 minutos, a los 80 años, puede producir el efecto
contrario: acortar la vida.
No obstante y
asumiendo el riesgo mencionado, muy seguramente un gran número de hombres grite
hoy: ¡quiero ser inmortal!
Para contribuir al
deseo de esos hombres, les dejamos una imagen alentadora, la cual recomendamos
mirar fijamente durante al menos diez minutos o, como dice la canción,
"mírame fijamente hasta cegarme".